I
Se despierta
por sí solo, dos horas antes de que suene la alarma de su celular. Tiene la
leve sensación de haber soñado algo importante aunque no puede recordar qué. Al
rato, se levanta y comienza a preparar sus cosas para más tarde irse a
trabajar. Cuando tiene todo listo mira su reloj de pulsera y se da cuenta de
que aún le sobra una hora. Aprovechando que siempre tiene hambre, vuelve a
tomar desayuno y mientras mastica el segundo pan con mantequilla comienza poco
a poco a recordar: Se encuentra en una tienda de retail, camina directo a la
sección de televisores y sin demasiado trámite compra cinco plasmas de pantalla
plana gigantescos. Llega a su casa, instala los cinco televisores en línea,
como si estos fueran una pantalla larga desde la pared interior hasta la puerta
de calle. Al encender las pantallas, Chispitas, el gato de su hija, aparece
caminando entre ellas como si todas juntas fueran una sola pantalla gigante. Se
queda mirando un poco hipnotizado. No entiende nada. Despierta.
Sacude un
par de veces la cabeza para alejar la somnolencia y entra en la primera
multi-tienda que se encuentra a su paso. Por todos lados hay propaganda del
mundial de fútbol que se avecina. Casi pareciera que el mundial se fuese a
llevar a cabo dentro mismo de la tienda, entre la sección de ropa deportiva y
los artículos tecnológicos.
–Estos de
acá son de 25 pulgadas y hacia allá comienzan a aumentar –le dice el vendedor
mientras se apoya en un televisor en el que se ve un programa turístico sobre
algún lugar de Europa con castillo medieval.
Se pasea
observando los televisores disponibles y luego se detiene frente a dos que le
resultan tan interesantes como cualquiera.
–¿Y estos?
¿Qué tal son estos? –pregunta, indicando dos televisores frente a él.
–Ambos son
muy buenos. De lo mejor en el rango de los televisores económicos.
–¿Ese es el
precio final? –pregunta intentando forzar un descuento.
–Precio
final. Al contado o en doce cuotas o menos.
Se queda
frente a los dos televisores, como si de tanto mirarlos alguno de ellos le fuera
a revelar alguna característica que los diferencie.
El vendedor
se explaya sobre las bondades del que considera es el mejor aparato entre
ambos. Le habla de tendencias en audio y video, de nuevas tecnologías, de
compatibilidad con otros aparatos tecnológicos. Él le escucha sin tomar
demasiada atención. Pensativo, se rasca un poco su barba de tres días. En uno
de los televisores se inicia la transmisión de un partido de la Premier League.
–Este me voy
a llevar –le indica al vendedor, como si el inicio de aquel partido fuera el
guiño del destino que le faltaba para decidirse–. Recuerdo ese partido. Ninguno
es mi equipo preferido pero la Premier está llena de partidazos –continúa.
–Realiza la
mejor compra –le responde el vendedor. Amable. Sin atender su comentario–. La
diferencia de precio es mínima pero el producto tiene muchas más
características a su favor.
Se siente un
poco estúpido.
II
–¿Tú crees
que soy tonta o qué? Sé perfectamente que ahora viene el mundial y todos andan
comprando pantallas gigantes para ver los partidos –le reclama Julia. Nunca la
había visto tan molesta–. En mi trabajo… Todos hablan de lo mismo. Deberías
haberme consultado primero… y mucho menos inventar que es para la niña. De
verdad eso es lo que más me duele. Que pongas como excusa el sufrimiento de
nuestra hija. Ese sueño estúpido no va a traer de vuelta a su gato.
Se queda
quieto mirando a un costado con cara de nada. Ha escuchado sobre esto en
algunas rutinas humorísticas. Es un momento “Nada más que decir”. No está
seguro de lo que debe hacer. Lo mejor será poner cara de lamento/resignación y
salir del lugar.
–Hoy mismo
vas a ir a devolver esta cosa a la tienda.
Lo acaba de
hacer. Justo antes de que tomara cualquier dirección. Acaba de firmar su
sentencia.
–Pero si ya
la saqué de la caja. Incluso fijé el soporte a la pared….
–Ese no es
problema mío –le dije Julia–. Usted lo trajo, usted lo devuelve. Y va a ser hoy
día. Yo en un rato más voy a pasar por la Carlita a su clase de danza y luego
nos vamos a ir al centro a conseguir otro gato para que tenga de mascota. Y
cuando vuelva no quiero ver esta cosa aquí.
Julia le
arroja una mirada que él nunca había visto. Eso es lo que más lo descoloca. El
arma arrojadiza definitiva guardada para un momento especialmente álgido. Un
“parteaguas”. ¿Será para tanto?
III
Realmente
nunca le gustó el gato ese. Desde el inicio intuyó que algo andaba mal. Fueron
a regalarle los sillones usados a la hermana de Julia y ésta “en
agradecimiento” les regaló a Chispitas. Negocio redondo. Nunca había visto a su
hija tan feliz. Tampoco nunca antes había notado que era alérgico a los gatos y
peor… Ese demonio se meaba donde se le daba la gana, era arisco, a veces le
daba por morder con una furia demente que nadie se explicaba y para completar,
chillaba todo el día por comida. Todo el día. Imposible olvidarlo… Una réplica
gatuna de su hija. Y él, descrestándose en la pega para que luego no le
permitan comprar un simple televisor...
IV
Escucha a
Julia salir, espera unos minutos para asegurarse de que se ha ido y luego baja
al primer piso y se deja caer en el sillón frente al televisor. Casi sin darse
cuenta toma el control remoto y enciende la pantalla. La imagen es imponente.
Sintoniza uno de los cinco canales de deportes y se encuentra con un partido de
cuartos de final de la FA cup. Se ve incluso mejor de lo que esperaba.
Bueno. Es
cierto. Compró el televisor para usarlo él. Para ver el mundial arrellanado
contra este sillón que es una gloria. Porque además… cuando renovaron los
sillones del living… ¿alguien dijo algo? ¿Que los antiguos aún servían, que aún
eran cómodos? No. Nada. Él simplemente escuchó: “Le vamos a llevar los sillones
viejos a mi hermana” y asintió con la cabeza. Todo bien. Y eso que nunca le
había caído bien su cuñada. Pero aún así… Se quedó callado. No cuestionó nada.
Y ya. Está bien. Quizás su hija no lo iba a usar tanto como él. Al menos al inicio,
pero el mundial duraba un mes cada cuatro años y la tele iba a quedar para
todos. Incluso contando partidos de Champions y algunos de la Libertadores…
¿Será para
tanto?
V
Desmonta el
televisor de la pared, devuelve todo a la caja, la cual por supuesto es un
desastre porque nunca esperó tener que devolver nada. Piensa con vergüenza en
el vendedor que lo recibirá para devolver algo que compró el mismo día. Trae el
televisor antiguo que había dejado en la bodega y vuelve a montarlo en la
pared, barre los rastros de plástico y cartón del suelo, ordena los sillones
que tuvo que mover para poder revisar el cableado con tranquilidad, vuelve a
pensar en alguna excusa para no quedar en vergüenza, pero no se le ocurre nada.
Cuando ya
tiene todo ordenado le saca una foto al televisor antiguo, nuevamente instalado
en la pared, y se la envía a Julia. Busca las llaves de su auto y sale. Afuera
el día está radiante. Se sube al auto. Antes de encender el motor se arrepiente
de haberle enviado una foto con la televisión antigua nuevamente instalada.
Saca su celular y revisa el chat: dos tics azules sin respuesta. Enciende el
motor y sale en dirección al centro.
Un par de
horas más tarde le llega un mensaje de Julia: “Vamos en camino”. Se queda
pensando. Quizás debería dejar el televisor donde algún amigo y después
inventar una excusa para ver los partidos afuera. No puede seguir paseándolo.
¿Y sí lo cambia por uno más pequeño?
